Un hogar para los que aman cuba

La cruz de Sofia y Yaroslav

Yaroslav trajo su pasaporte ruso a Cuba por si hubiera algún problema. Sofía, portaba otro dilema: el de su doble nacionalidad israelita – uzbequistana.
Al marchar dejaron aquí, cuatro elementos sagrados del rio Jordán, tierra de Jerusalén, aceite de oliva virgen de Belén e incienso sagrado. Los dos profesan el judaísmo.
Los estigmas los persiguen, pero ellos pasan por encima de los argumentos.
Sofía confesó que no le gustan los americanos, es ingeniera en desarrollo de programación y además resultó buena conversadora. Yaroslav no es un ruso como otro cualquiera, es callado, tímido y a veces un poco autista.
No me los imagino en una tierra como Israel; con tantas contradicciones; según ellos el problema no es la religión sino el dinero. De hecho ellos aman las costumbres judías, no comen pescado y se sirven un banquete gratis los domingos en las tardes; en las Sinagogas y rezan donde nadie los vea.
Sin embargo, ambos se preocupaban demasiado, eran personas como otras, viajando y conociendo más allá de las fronteras de la Tierra prometida.

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