Un hogar para los que aman cuba

Indira e Ingrid, posando en la cueva de los peces 1, 2, 3, 4 !Mira mami, ahí hay más tumbas!-Comenta la niña que aún no entiende de la miseria de la muerte , pero que siente que algo importante dejó la huella de las balas en aquella primavera de 1961.

Antes de llegar al final del camino, vieron cocodrilos y sus lagunas, manjuaríes y muchos mosquitos, y un tocororo, no tan grande como en los murales de la escuela, sino uno real cantando para encontrar a su pareja.

A donde quiera que vayan ellas no pasan desapercibidas, son calladas pero con el ansia de conocer todo, que si la historia de los zapaticos, y por qué tiene la boca para abajo el cañón y quienes son ellos, esos hombres que están en los cuadros de la pared del museo.

Las jimaguas, están en la Ciénaga de Zapata, tratando de descubrir sus relatos y sorprendiéndose porque en cada lado hay algo único.

Ya tienen siete años, parece que fue ayer cuando las cargaba en el hospital a solo dos cuadras de mi beca de F y 3ra. Fueron los primeros pañales que traté de poner en mi vida.

A Indira, le encantan los números, a Ingrid dibujar mariposas, casas y palmas. Indira es picardía e Ingrid una especie de timidez valiente.

A las dos, les encantan las historias y sobre todo leer en voz alta los cuentos para niños. Son innumerables los cuentos de Ingrid e Indira, las que te roban el corazón con solo el beso mañanero de los buenos días.

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