Un hogar para los que aman cuba

Mi abuelo y Girón

foto: InternetHabía comenzado la pesadilla de las bombas, el despojo de pueblos enteros sin libertad; cuando este niño nació, en tierras de azúcar, café y tiempo de vacas flacas. Era 1939, un cuatro de octubre y del vientre limpiecito de una negra, como solían decir los blancos; salió el párvulo.

Sus hermanos, para trabajar debieron recorrer la isla entera, 700 km al norte para cortar caña, mientras su mama, laboraba sufriendo los atrasos de una lavandera, con ingenios para almidonar la ropa y ganando siete pesos al mes.

De su padre, se supo poco, solo que ni el apellido le heredó, tal y como pasó tres generaciones después. La historia como la de muchos, se repetía una y otra vez para los niños que no disfrutaron de su niñez: pedir dinero para comer, limpiar botas y cargar maletas en las estaciones de trenes para ayudar a la familia.

Y el niño recuerda cuando estaban dando Blanca Nieves y los siete enanitos en el cine del pueblo y ellos, por negros y por pobres, no pudieron entrar a verla. Solo por 15 centavos.

Se hizo hombre, luchó en la Sierra, y en Girón; no dejó que los invasores profanaran la ciénaga de sus amores. No es cuento de camino, ni lavado de neuronas, esos seres existen para contarlo o al menos hacerle un guiño a la historia.

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