Un hogar para los que aman cuba

No es solo el hombre que tropieza con la misma piedra, sino el cocodrilo; que derramó lágrimas falsas.

En el pantano no hubo luz, ni oscuridad, solo contaban; las almas de los caídos en la más cruenta guerra contra los hombres; esos piratas saqueadores de los besos de las muchachas bellas que en la pantalla salían.

Dicen que unos se comían las uñas, otros apostaban por el milagro y los pocos perdieron las esperanzas.

El cocodrilo se engulle a los más pequeños de su especie. Hasta el próximo episodio, las luces de la derrota llegarán por los siglos de los siglos.

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