Un hogar para los que aman cuba

René Escalona nació sin miedo a la vida. Por eso, con 17 años no hesitó, y se vino para la Ciénaga de zapata para cortar cuanta caña tuviera en frente y cumplir con la zafra de ese año.
Su papá que lo hacía a él en Puerto Padre, nunca le perdonó que se fuera sin despedirse pero René, no tenía miedo de nada, ahí lo cogió Girón, y arriesgó su vida; limpió el Escambray y siguió corriendo peligro, hasta que su barco, su alma recaló en Varadero, donde no pudo soportar la idea, no irse a la mar.
Y aún sigue arriesgándose con 71 años, para andar en su bote, atrás de la corrida de la lisa.
“¡Ahora no hay pescao como antes! Yo me ponía en la playa a coger carná fresquecita y viraba a las 4 de la mañana para la costa, y si no me iba con 10 a 12 pargos no era buena pesca.
“Entre la costa y el terraplén, hasta ahí nadaba con mi goma de camión a cuestas porque el pescao me quería “cobrar”; pero de eso nada, no podía dejarme desmoralizar.” Me cuenta el pescador
“¿Sabes una cosa? Tu abuelo, que en paz descanse, me vendió unas patas de ranas rusas, y aun las conservo. ¡Qué clase personaje!-
Hoy ya tengo 71 años y te confieso que lo mío con la mar no tiene fin. ¿Y a usted no le da miedo estar en el inmenso azul por horas y horas?- “Que va hija, ya estoy curao de espanto.”

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