Un hogar para los que aman cuba

Yeni sabe que su “mami” no aparecerá por esa puerta del fondo que le gustaba transitar para admirar la mata de plátanos que tenía en el patio.
Solo los espacios, los recueros, los objetos le recuerdan a su abuelita; como su sillón de madera que una vez ella rompió por el capricho de convertirla en caballito desbocado. En una esquina está la máquina de coser que ella no abandonaba para siempre hacer sus inventicos.
La última ocasión que la vi me dijo:” Estoy haciendo un bolsito para colgar los palitos, no tengas pena hija, estás en tu casa.”
Su nieta nunca se quejó del cariño que su abuela le ofrecía, ella fue padre y madre al unísono. Eso sí, cuando alzaba la miraba por encima de los espejuelos de fondo verde, no había quien le quitara a uno el regaño. Ella era de las que siempre encontraba un espacio para leer periódico, sobre todo del domingo porque era el de más páginas en la semana.
A Yeni se le ve en estos días, con su mirada triste, pero con cada recuerdo de su mami abuela por todos lados , consciente que ella ya está en el cielo , que tantas veces le prometió, al terminar el cuento de buenas noches .

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