Un hogar para los que aman cuba

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No se parecerán a Indira Gandhi ni a Ingrid Bergman pero les encanta leer, dibujar y montar bicicleta. En las últimas semanas, han revolucionado la casa con sus risas de niñez contagiosa y alguna “cogida pal monte” cuando  no son escuchadas en sus relatos.

Al principio, a Indira e Ingrid no habría quien las reconociera, claro si son jimaguas. Yanet, mi cuñada les miraba la cara y decía ¿Quién eres Indi o Ingrid? Y ellas se quedaban calladas para más confusión.

 Entonces apareció la genial idea de mi herma: “Inventemos un juego: quien se coma la comida y no hable ni una palabra gana a partir de ¡ya!”

Solo así  supimos cómo identificarlas. ‘¿Cómo ? Fácil, Indi es la más flaquita pero a la vez la más inteligente y cariñosa mientras que Ingrid, es más callada e introvertida, me hace recordar a Nene traviesa de los cuentos de José Martí porque a ella le interesan los libros con dibujos, quizás para captar mejor la expresión de la gallinita que fabrica su propio pan, o el asombro de los tres cerditos ante la caída del lobo.

Eso si, le gusta oir los cuentos y permanecen cautivas ante los puntos de giros de las historias y si pienso que no le pongo atención entonces me dicen: sigue , sigue ¿qué pasa después?

Dice mi mamá que son angelitos caidos del cielo. Y ciertamente lo son. Lo demostraron en cada abrazo, en cada beso, en sus lecturas en sílabas, en el trato a su abuelo, en la inocencia de sus cinco años, en las competencias de bicicletas.

Fui la primera en la familia en conocerlas. No pesaban más de cinco libras y hasta le cambié el culero a una; por gusto, porque al minuto de ponérselo se le cayó.

La Indi y la Ingrid me sacaron lo de niñera de no sé dónde: las ayude a hacer tareas, les enseñé que Orión es un mambí con un machete en la mano, les cogí la medida en la comida, al punto de comerse dos platos.

Suena contradictorio que con tanta dicha en ellas, no tengan un padre responsable; pero por suerte tienen tíos, primos, abuelas y  a papi abuelo Luis para recibir el beso de buenas noches, o dormirse en el susurro de un cuento con lleno de maticas raras por donde trepa el príncipe de sus sueños.

 Y aunque no las tenga cerca , sé que de la loca prima Besy se acuerdan.

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