Un hogar para los que aman cuba

 Donde está no hay palmas ,  ni mar, apenas el cielo y el sol despejados .

Pensó que subirse a un avión y mirar desde arriba el rio de oro que hacen las luces de la ciudad la sorprendería, pero eso no era nada comparado con alcanzar 3 mil metros de altura y ver la tierra en forma de maqueta gigante con sus puentes , rios ,líneas de trenes, puertos, y terrenos hermosos.

Al llegar a tierra ajena ,vió , o más bien escuchó lenguas diferentes y se sintió rara. Nunca había visto tantos aviones juntos , ni siquiera los mal afamados “Mac Donalds” con olor a aceite requemado.

No tenía idea de lo que era el efecto jetleg donde el día se hace noche,y viceversa por la diferencia de horario.

Como tampoco supo por qué  los peques hacen sonidos de indio cuando veían  a uno de eso aparatos  volando, allá en su pedacito de isla.

Ella no sabe muchas cosas de ser extranjera, pero irá aprendiendo a valorar cada día la tierra que la espera; con sus palmas, sus estrellas,  sus amores,  que le valen por mil continentes visitados.

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