Un hogar para los que aman cuba

Cuando “subí” al Turquino

  Los barrancos estaban a la orden del día. Desde el camión se podía  apreciar la costa del Mar Caribe, que aunque tranquilo,demostraba su respeto ante los viajeros.

Cuando paramos en Chivirico y preguntamos cuánto faltaba para llegar al campismo Rio la Mula. Craso error pues si preguntas te dirán: “Eso queda al cantío de un gallo” o “eso quedo ahí mismo , lo que se traduce más o menos en 100 km.

Al retomar la marcha escuchamos historias sobre el mar y los tiburones que habían hecho de las suyas con los pescadores , y que no hacía mucho tiempo que habían pescado uno con una pierna en el estómago y con tal antecedentes la idea de bañarnos en esta zona desaparecieron.

Sin embargo otras maravillas nos esperaban como los manantiales y cascadas que formaba el afluente aunque en enero había tiempo de seca, los parajes naturales, y bosques impenetrables que cuando se mezclaba  con nuestro espíritu aventurero formaba una mezla explosiva. Y así , todos nos mostramos ansiosos por llegar a ese campismo donde se unía el mar con el Rio que le daba nombre.

Al fin tras cruzar el puente, divisamos el acogedor rinconcito, cabañitas casi de muñecas pintadas de rojo , azul y blanco, rodeadas de cocoteros, de mar, y hasta de un !cementerio!.Como lo oyen: Las cabañas estaban situadas justo al lado de un pequeño campo santo que le daba cierto aire místico.  La explicación: Los pobladores de la zona bajaban a la costa a sus enfermpos para que un barco los recogiera y los llevara al hospital más cercano pero en la espera muchos morian y eran enterrados cerca de esta zona.

Sin embargo esa no fue la historia más aterradora: Todo comenzó por mi aversión a las ranas , y da la puñetera casualidad que esa noche siento en el techo un ruido y la veo y les digo a mis compañeras para sacarlas y e aviso a los varones , bueno al final todo quedó feliz en el esta historia excepto que se les ocurrió enseñarmela y entoné mis gritos más escandalosos hatsa que la botaron. De eso bien se acuerda mi amiga Aylín que fue la precursora de que me separaran de aquel animal.

Los días en el campismo pasaron como agua: 1, 2, 3 , hasta que llegó el día de subir al Turquino. En la madrugada preparamos condiciones sin saber que solo hacían falta dos ingredientes para esta encomienda: caramelo y agua. O quizás muchos lo sabían pero …..

 

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Comentarios en: "Cuando “subí” al Turquino" (4)

  1. mi amor tiene una memoria prodigiosa. parece que fue ayer cuando nos perdimos por las calles de santiago como callejeras viajeras jajaj. el campismo la mula la cabaña de nosotras al lado del cementerio, las canciones de Cándido Fabré, los mosquitos, las ranas, EL HAMBRE… YAMPIER jajajaj tantos recuerdos que se podría escribir un libro de crónicas y testimonios. !qué bueno sería regresar!

  2. Crónicas amenas y digeribles. Sí, leyéndola me dio sed, cansancio , dolor de estómago y hasta sentí el aire y la lluvia montañera sobre mis cabellos.. muy bien escrita y descrita.
    Mi abrazo desde acá. Miami…

    Ernesto R del valle. Editor
    Revista Literaria Guatiní
    http://www.issuu.com/revistaguatini

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