Un hogar para los que aman cuba

La lluvia cayó

Esperaban que la lluvia refrescara la cálida tierra.Unos pedazos de papel le servían para navegar a lugares remetos.
Aquellos barquitos de papel tenían la magia de cruzar el horizonte.Los tres pichones soñaban con el mar , más era un charco hecho de gota a gota sobre la tierra saturada.
El zúnzun que todo lo supo , desde un principio, dejó que la imaginación de los pichones volara. Nada cuesta dejar a la imaginación, actuar en un mañana bendecida por la lluvia.

Nacimiento

Sensible , fugaz,
vida en miniatura.
Milagro de la existencia
en la nada.
Gravitar es solo una
aventura.
El susurro de una  voz reclama
tu presencia en el campo, verde ,
cristalino,

en el cielo turquesa.

Allanamiento

originalHan profanado al tiempo, en el armario de su padre. A la mama se le ocurrió limpiarlo de toda su ancianidad. Modernizar sus gavetas, limpiar las paredes, sacar las maletas de combinación rustica. Dice que lo viejo debe quedar fuera, mas es un pecado hurgar en los recuerdos.
A veces es mejor, dejar tranquila la memoria, pero no deja de asombrar los papeles que tiene guardados: la carta de la mama de un amigo en letras corridas y mala caligrafía, papeles de cuentas, cuentas sobre papeles, tornillos, tuercas inservibles pero que algún día servirán, relojes de marcas, llaves suizas.
Conserva el padre sus carnes de la universidad, el lápiz azul con líneas blancas, mi preferido de su hijo, que no quería ver mocho, porque decía que esto denotaba miseria.
El compás que nunca aprendieron a usar sus hijos, está ahí, jorobado y con fino rollo de alambre sujetándole la punta afilada., las notas de quinto grado y sexto y los expedientes.
Los mapas del pueblo en el pasado, en el presente, comido por las polillas. Los plegables de lugares no visitados y que es improbable visitar.
Hoy han allanado el closet del padre, pero también sus recuerdos.

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Odio a Paulo Coelho. Su forma tan derrotista de decirnos que; no importa lo que hagamos, el universo siempre conspira para atorar nuestros objetivos. A lo mejor, la frase ni es suya, se lo extirpó a alguien corroído por las polillas.

Como quiera, desafié a Paulo Coelho e hice camino al encuentro de blogueros en Holguín; con un dedo lleno de humor, cristales dentro, y con mi mamá accidentada en el pie, un día antes de la partida.

Pero las vicisitudes no acababan ahí. La guagua; con manía de tren lechero paraba en todos puestos de camino, excluidos las paradas oficiales, agréguenle los asientos estilo dominó, con el espacio reducido, y el aire acondicionado a todo dar. Las personas quejándose; nada especial.

Detrás de mi asiento se sentó un guajiro de sombrero negro llamado Pastor, del municipio Perico. Hubo pasado todo el camino, contando a un conocido su vida, hasta la curiosa historia de que había casado a su hija a los 18 años, bajo la demanda que la pareja permanecía junta desde los 13.

“Yo me gradué de médico veterinario en la época buena de verdad cuando en la Habana con 20 pesos, te alcanzaba el mes para comer y viajar. Tuve a mi cargo 5 mil cabezas de res en el servicio social, pero luego llegó la jodienda del Periodo Especial y adiós a las vacas gordas, “comentaba Pastor.

Luego de tanta charla, al guajiro se le agotaban los temas de conversación, entonces la emprendió con el padre, un viejo de 80 años que no quiere salir de Vertientes y que no tiene a nadie de la familia allá, excepto una vecina a quien considera su hija. “pero ella no lleva su sangre, eso él no lo entiende.”

Pastor se bajó a medianoche en la parada del Oncológico de Camagüey, con las nubes rojas anunciando agua.”

Hubo silencio, sueño, llovizna. En la recta final un accidente, luego de pasar las tunas llegando a Buenaventura. Una Yutong con el letrero de Ómnibus Nacionales parada en medio del camino, debajo un carro.

Los choferes reciben la señal de auxilio, quizás hay heridos. La demanda fue para un occiso, ante la ausencia de una ambulancia. Lo pusieron en la entrada del pasillo.

El ambiente se enrarecía con el olor a flores muertas, a la yerba del monte recién cortada. Y las personas de la fila de adelante, se movían para el fondo. A mitad de camino lo movieron para el maletero.

No fue causa de risa ni tristeza, pero más que nunca me acordaba de Paulo Coelho con eso del universo beligerante. Extraña manera de probarlo.

A las 2 y media de la madrugada llegué a la ciudad de Holguín, el mismo día que 5 años atrás, había partido. Solo pensaba en ver a mis imprescindibles: los hacedores de nuevas historias.

Comienzo por el final

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Holguin , despues de un quinquenio no es el mismo. Ni tu , ni yo, ni los paisajes. Ni una semana se parece a otra. Esta vez, nos sorprendio la lluvia, y los rios crecidos , y el polvo de los guamiones, y las sorpresas  y los juegos y las ausencias.

Sin rodeos

1188581235_fNada como la visita de una amiga y que te hable sin rodeos.

Escribe , te hara bien.

No dejes  para luego llenar las paginas en blanco.

El obelisco de Zoe

Regresa a sus ojos el sonido de los aviones, descargando un odio invisible. “Es el precio de ser diferentes”, piensa Zoe, ahora convertida en mujer diabética de 60 años, pero que tendría unos 12 años, por aquel tiempo, difícil olvidar.
Zoe anda con su batica de algodón, en rumbo a su casa cuando siente a los lejos una ráfaga, que nunca había escuchado. Ella vive en Pálpite, a unos 5 kilómetros de donde se desarrolla la lucha.
Es 18 de abril y aunque se sabe que la Ciénaga está en asecho hace 2 días, ella siente que debe correr hacia su casa, porque es donde más se siente segura, allá con sus dos hermanos pequeños.
“A unos pasos de mi casa, oigo otra vez las ráfagas, le pido alguien allá arriba que no le apsara nada a mis hermanitos, y disminuyo el paso, esta vez, me dije voy a mirar todo con cautela, para poder avisarle a mis padres, quizá ellos puedan hacer algo”, me confiesa Zoe.
“Para mi sorpresa ya alguien había llegado para protegernos, no supe nunca su nombre, solo vi dos cuerpos tirados en el piso, uno con el uniforme verde olivo y el otro guarabeado entre azul claro y verde. “ El horror en los ojos de la niña apareció para quedarse en su memoria. Tiempo después supo que el miliciano había llegado por accidente a las cercanías del batey, detrás del mercenario, que pretendía esconderse en su casa.
“Si no llega a ser por aquel joven valiente, no sé qué hubiera sido de mí y de mis hermanos, siempre le estaré agradecida, porque él contribuyó a que mi ciénaga, mi terruño, mi hogar, no quedara en las manos de estos desnaturalizados.”
Hoy Zoe, contempla y explica a todos los que llegan a su casa, convertida en paladar, por qué ella tiene una bandera cubana y un busto pintado en blanco en forma de obelisco, justo a dos pasos de su hogar.

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